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llamo Liliana Hernández Fuster soy pintora autodidacta e imparto clases de dibujo y pintura en mi academia Taller de Pintura Grao de Gandía.

Cursé estudios en la Universidad Complutense de Madrid, licenciada en Filosofía y Letras, a la vez que desarrollaba mi faceta autodidacta en dibujo y pintura.

Con el tiempo mi familia y yo nos trasladamos a la ciudad de Gandía ( Valencia ), donde profundicé en la pintura. Gracias a una buena artista y no menos magnífica persona llamada Garrigái, me introdujo en el mundo de las exposiciones dándome a conocer en poco tiempo mi estilo y obra, que con el paso de los años como un buen vino viejo de barrica he ido mejorando y aportando nuevas ideas.

Desde hace nueve años tengo mi propio estudio de dibujo y pintura donde imparto clases a mayores y niños, también imparto clases extraescolares en el colegio Joan XXIII de Gandía.

A primeros del 2.014 me ofrecieron pertenecer a la asociación cultural de Pintores de Gandía Ulls de Mussol, quienes tienen una trayectoria vital de más de 40 años.

El nombre de Ulls de Mussol fue dado por el pintor Luis Coll Alas al grupo informal que comenzó su andadura en Gandia a finales del año 1972, grupo que dio oportunidad a muchos jóvenes talentos del momento, en el campo de las artes plásticas y de la literatura, de establecer comunicación entre sí, a intercambiar sus inquietudes y canalizar a través de actos colectivos sus manifestaciones culturales. Desde aquellas fechas en Gandia ha permanecido, con el mismo espíritu de pasión, por la pintura fundamentalmente, esta agrupación que formalizó su constitución como asociación cultural en 1991.

Durante décadas este colectivo ha presentado con periodicidad regular, año tras año, exposiciones de pintura en las salas disponibles en nuestra ciudad y también en otras de la comarca y provincia.

Detrás de cada obra y cada pintor existe una callada y continua actividad social que se concreta básicamente en la celebración de dos reuniones mensuales, sesiones de pintura al aire libre, organización de encuentros de pintores en muchos municipios de la comarca y participación en concursos de pintura, provinciales y nacionales.

Hacemos multitud de actividades relacionadas con el arte, como encuentros de pintura al natural, presentación de concursos y certámenes individuales o colectivas, reuniones periódicas para intercambiar experiencias o nombramientos de nuevos miembros, etc

Podéis visitar mi estudio de pintura en el Grao de Gandía muy cerca del puerto, donde os recibiré con mucho gusto, horario de lunes a jueves 19:00 y sábados por la mañana a las 11:00 Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Inflo Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro.Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lila un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobús” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación. Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no sé a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana. Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante. Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Arte Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Info Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos aentramos l exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro. Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación. Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no sé a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana. Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante. Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Cuadros Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día .Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Info Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro. Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación. Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un ante rudos e incómodos  En las autovías todavía no se a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana. Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante .Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Pintura realista Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería .Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Info Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro. Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no se a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante. Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Arte en valencia Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban .Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no os espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Info Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro. Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación. Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no se a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana. Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante .Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara .Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Arte de Gandía  Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable .Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Info Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro .Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, l domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación.  Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no se a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, parece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana .Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante .Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín Arte en Roma Nuestra aventura en Roma fue todo un éxito, aunque también hubo momentos de tensión y casi angustia…10 de octubre 2.015 sábado 10:00 am, después de haber descansado y repuesto las pilas con un buen desayuno, emprendemos la marcha para nuestro gran día. Primer contacto con Roma la famosa ciudad eterna y por la tarde llegar a nuestro destino principal, la Galería de Arte Rosso  Cinabro, donde nos estarían esperando Cristina y su marido los anfitriones y dueños de la citada galería. Nada más salir el día prometía, nublado y lloviendo copiosamente, llovía tanto que no paró hasta el día después dicho sea de paso. Los paquistaníes que estaban como farolas en la calle, puestos estratégicamente para colocar sus paraguas y chubasqueros de 5€ la pieza, hicieron su agosto con nosotros y los cientos o miles de guiris que por su lado pasaban. Después de una pequeña lucha con el horrible mini paraguas  y el chubasquero de estilo bolsa de basura gigante de color no menos espantoso “Bosque Verde”, seguimos nuestra andadura para cada dos metros quedarnos con la boca abierta y cara de bobos de todo lo que allí había y eso que no entramos en casi ningún sitio, ahora entiendo a los japoneses y su manía con fotografiar hasta la dentadura postiza de la abuela que pasaba por allí...Tras una comida ligera, hicimos una breve parada en el hotel para secarnos y ponernos guapos para el gran evento. Según salíamos del hotel se nos iba macerando poco apoco esa sensación de nudito en el estómago por la impaciencia y la emoción  que uno espera de un gran momento en su vida y que por fin había llegado. Una sensación extraña pero a su vez agradable. Vestidos de semipijos romanos,( porque allí a parte de sus monumentos y gastronomía, los autóctonos tienen mucho estilo a la hora de vestir, más los hombres que las mujeres por cierto ), con el mapa típico de regalo de la Inflo Turismo en mano, ( siempre me ha llamado la atención estos mapas y quién los diseña, porque el tamaño de los letreritos de las calles como no tengas un microscopio electrónico parece una misión imposible saber lo que pone en alguna de sus calles..) y después de ir como sardinillas en el metro rodeados de miles de turistas, salimos al exterior, tras callejear y perdernos un poco por el fabuloso centro de Roma. Gracias a la amabilidad y paciencia de algún que otro transeúnte del lugar, pudimos llegar a la Galería Rosso Cinabro Allí estaban, esperando algo preocupados por nuestra tardanza, Cristina y su marido que no tardaron en hacerse notar y con una amplia sonrisa y abrazo empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida. Empezaron a llegar el resto de pintores invitados de sitios dispares incluso de otros países. La comunicación fue fluida a pesar de estar rodeados de gente extranjera, franceses, alemanes y los propios italianos. Pero gracias a que Lili un  mes antes empezó a repasar un inglés oxidado por el tiempo, y que gracias a él, pudimos defendernos bastante bien o como último recurso siempre quedaba el intentar comunicarte con un italiano hispanis-bulgari  con la mezcla de signos de los sordomudos, eso sí siempre con el tonillo o acento de allí, para partirte de risa…, por cierto la licencia “autobue” ( autobús ) no existe como tal, pero queda muy chulo decirlo cuando no te queda otra ante un romano con su cara entre estreñido y póquer cuando éste intentan entenderte. Gracias a Nuria, mi cuñada, que si no fuera por su desparpajo y gracia estaríamos todavía dando vueltas por el centro de la ciudad jajajaja. Menos mal que al día siguiente, el domingo, salió un sol radiante y pudimos hacer una visita al Vaticano e incluso ver al Papa Francisco. Eso sí, acabamos reventados de tanto caminar, pero mereció la pena. Por último daros unos consejos si os animáis a ir a Roma, primero desmitificar el miedo a los carteristas que tanto te dicen cuando vas allí, creo que es injusto y rompo una lanza a su favor, no para desmentirlo, pero sí para restarle esa importancia que te dan como algo relevante y curioso de la ciudad. Imagino que será como en todos los sitios, cosa que con un poco de cuidado y atención se puede lidiar sin ningún problema. Además con todo lo que hay que ver creo que te concentra tanto que hace casi imposible que te roben al descuido. Otra cosa que te comentan nada más pisar la calle es que allí los servicios públicos, en concreto los autobuses, son gratuitos. Craso error, efectivamente el chofer no cobra a nadie y puedes colarte en ellos y viajar por la cara, pero eso sí, como suba un revisor y no tengas billete son 51 € de multa. Así que merece la pena sacarse un bono de viajes que se que los venden pero yo no compre…A los romanos les gusta hacerse notar sutilmente y tienen un no sé qué entre misteriosos y campechanos que llama la atención. Por lo demás se parecen bastante a nosotros en cuanto al trato hacia el turista, con la excepción que cuando ven que no se hacen entender o no te entienden, parece como si desconectase del hilo de la conversación e incluso como si dejases de existir en su entorno al guiri que ya no sabe qué hacer para que le ayude ante un problema de orientación .Es curioso lo cosmopolitas que son y lo atrasados que están con respecto a nosotros en algunos aspectos como el transporte,  infraestructuras y las comunicaciones ya que la fibra óptica es casi inexistente,  la red de datos deja mucho que desear y los autobuses públicos son un tanto rudos e incómodos  En las autovías todavía no se a qué velocidad máxima está permitido circular ya que no es como aquí que cada 100 metros te pone las placas indicando si puedes ir a 80, 100 o 120 km hora y no digamos la forma tan alocada que tienen para ir por dentro de Roma, parece que tienen un Ángel de la Guarda haciendo horas extras para evitar colisiones y atropellos (ojo a los pasos de cebra, allí deben de tener otro significado que desconozco, para el tráfico reinante y como te descuides acabas de un golpe dentro del Circo Romano sin saber cómo has llegado allí).La seguridad es total, casi como aquí pero más notable por su cantidad, está la policía local, los carabinare, el ejercito, empresas de seguridad con vigilantes tanto de uniforme como de paisano, etc. La seguridad aumenta bastante según te vas acercando a la Ciudad del Vaticano y alrededores, arece incluso que algún que otro sacerdote que por allí pululan, vaya a sacar un tanque en un momento dado que discretamente llevaba bajo su sotana Para comer o cenar es mejor antes de entrar en cualquier bar pizzería o restaurante, mirar primero si tienen los precios puestos, porque si no te pueden clavar y bastante .Lo mejor para estos casos es buscar el chollo del barrio del hotel donde estés alojado y procurar no tentar a la suerte en busca de una aventura que te puede salir cara. Por último recomiendo si se puede, que se vaya mínimo una semana ya que con todo lo que hay que ver pienso que menos no merece la pena o por lo menos no te dejará con la sensación de haberte dejado algo por ver, aunque por otro lado es la excusa perfecta para repetir la experiencia y volver a la Ciudad Eterna cuna de nuestra civilización. Víctor A. Martín

 

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